Hungría ha protagonizado uno de los mayores giros políticos de la historia reciente de Europa. Tras 16 años en el poder, Viktor Orbán ha reconocido su derrota, y el partido Tisza de Péter Magyar se dispone a controlar el Parlamento tras una aplastante victoria en las elecciones del 12 de abril de 2026. Con casi todos los votos escrutados, se informó que Tisza había obtenido una mayoría contundente, lo suficientemente amplia, según varios medios importantes, como para transformar la estructura política que Orbán había construido desde 2010.
Este no fue un cambio de gobierno rutinario. Orbán no era simplemente otro primer ministro conservador derrotado por un rival más enérgico. Se había convertido en el símbolo por excelencia de la «democracia iliberal» dentro de la Unión Europea: un líder admirado por gran parte de la derecha populista mundial, temido por los demócratas liberales de toda Europa y considerado cada vez más en Bruselas como el principal obstáculo interno para la unidad de la UE. Por eso su derrota no solo se considera un punto de inflexión para Hungría,













